XIX Pregón en Honor a Nuestra Señora

del Socorro Coronada

 

 

Ermita de Ntra. Sra. del Socorro

 

Pregón a cargo de:

 

D. Antonio Manuel Pérez Lozano

Ex Hermano Mayor de la Cofradía

 

Córdoba a 3 de Septiembre de 2011

 

 

 

 

 

 

 

Dios te salve, Reina y  Madre de Misericordia

Vida, Dulzura y Esperanza nuestra, Dios te salve

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva

A ti suspiramos, gimiendo y llorando

en este valle de lágrimas

Ea, pues, Señora nuestra

Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos

Y, después de este destierro, muéstranos a Jesús

Fruto bendito de tu vientre

¡OH Clementísima, OH Piadosa, OH Dulce Virgen María!

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios

Para que seamos dignos de alcanzar

Las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

 

 

 

 

S

eñor San Rafael

 

En esta noche quisiera que desplegara sus alas de Medicina Santa sobre este que le implora de su protección, que en su bendita intercesión encuentre las fuerzas necesarias para proclamar este pregón.

 

En esta noche mi Señor San Rafael tengo el gran honor de pregonar a mi amada Madre del Socorro, he de anunciar a todos sus fiestas y cultos, es por ello por lo que le imploro de su bendita protección.

 

Custodio de esta ciudad que me vio nacer, de esta tierra que es fuente de agua santa en María, Custodio de esta tierra bañada con la sangre de los que dieron su vida por amor a Dios, donde Jesús Nazareno se ha hecho hombre, para rescatarnos de nuestros pecados y vela por nosotros crucificado entre faroles y a sus pies María, nos reúne en sus Dolores nos Socorre y Auxilia, Custodio de esta ciudad que siendo sultana y mora a la madre de Dios implora.

 

Señor San Rafael ampare a este humilde pregonero en esta noche, que nunca olvidare y guié desde el cielo lo hoy proclamo para que sea tributo de buen agrado, a la que con su manto socorre, a todo aquel que su nombre aclame.

 

Mi Señor San Rafael nuevamente desde su hermoso retablo de esta tan querida ermita, donde su belleza cautiva a todo el que de su custodia necesita, seáis vos mi Arcángel Rafael el timón de este pregón.

 

Después de estos tres largos años, en los cuales ha estado cerrada esta ermita, es motivo de gran satisfacción  poder verlo de nuevo guardando desde su retablo, a la Reina de la Corredera, con la patriarcal presencia del Señor San José.

 

Gracias Señor San Rafael por su bendita protección, y al igual que al padre róelas juró que por Dios fue nombrado custodio de esta ciudad, a sus pies me pongo y le digo:

 

 

Que en esta noche yo,

Por su bendita intersección,

A la Madre de Dios

 Y Socorro nuestro,

Yo pregonaré. 

  

 

Ilmo. Sr. D. Antonio Jurado rector de la Basílica de San Pedro y Consiliario de esta hermandad.

Sr. Hermano Mayor.

Sr. Presidente de la Agrupación.

Querida Junta de Gobierno.

Dignísimas Autoridades Políticas, Civiles y Militares.

Hermanos Mayores y representantes de otras hermandades.

Hermanos y hermanas del socorro.

Amigos todos.

 

Sinceramente no tengo palabras para poder explicar lo que siento en esta noche, puedo hacerlo resumiendo en dos puntos.

 

El primero es de miedo ante tan gran responsabilidad y más aún después de todos los que en este atril me han precedido, ahora sé de buena mano lo que se siente cuando tienes tan bonita responsabilidad.

 

El segundo es de ilusión, pues el poder esta noche hablaros de la virgen del Socorro, anunciaros sus fiestas y cultos, el transmitiros mis sentimientos socorreros me llenan de gran ilusión. Espero que este humilde pregón sea de vuestro agrado y sirva para que, como yo, os sintáis más socorreros y podamos todos juntos, celebrar con mayor solemnidad sus cultos.

 

Quisiera antes de comenzar agradecerle a la junta de gobierno el que este año me hayan elegido  para ocupar tan distinguido atril. Después de haber estado al frente de esta hermandad es para mí un gran honor que me otorguéis la oportunidad de  poder pregonar en esta noche a la Bendita Madre del socorro.

 

A ti mi querido presentador y Hermano Mayor gracias por tus palabras de presentación, palabras que han salido no sólo de tu fe socorrera si no también  desde el calor  y el sentimiento que puede transmitir un hermano que ha estado toda la vida junto a mí, compartiendo buenos y malos momentos.

 

Pero unidos por la sangre y ahora también por el amor y la devoción a la virgen del Socorro, aunque no creo ser merecedor de tan bonitas palabras.

 

Y a todos los presentes gracias por estar aquí acompañándome,  en esta noche en la que a este humilde socorrero se le hace realidad el sueño de ser pregonero de la virgen del Socorro, el sueño de ser el trovador de la madre de Dios y reina de la Corredera.

 

Quiero compartir  con todos ustedes los momentos más especiales vividos por mí junto a la que es Reina y Señora de nuestros corazones, haciéndolo de una manera reducida, ya que si los contara todos no terminaríamos en toda la noche. Pues el haber estado tantos años trabajando en la Hermandad, hacen que se vivan momentos y situaciones inolvidables, y más aún cuando estás tan cerca de ella.

 

Es por este motivo por el cual he escogido los más importantes a mi parecer, situaciones vividas por este que os habla en los que ha notado muy,  muy cerca la presencia de la virgen del Socorro.

 

Y desde este atril intentar haceros llegar ese calor bendito de Madre que mana desde su mirada, mirada penetrante llena de amor maternal hacia nosotros, los que desde un principio hemos profesado nuestra fe socorrera y que a diario venimos hasta su ermita para pedir su protección, y que cada septiembre acudimos a sus plantas para venerarla y amarla como Reina, Señora y Madre nuestra.

 

Q

uerida Señora Nuestra:

 

Quien me iba a decir a mí que en esta noche ocuparía tan privilegiado atril, que tendría el gran honor de proclamar todo cuanto siento por ti, que podría abrir mi corazón y gritar a los cuatro vientos lo que junto a ti he vivido.

 

Quien iba a imaginar que aquel niño de tan solo siete meses de vida, que viniéndose a vivir a la calle Diego Méndez, tan cerquita de tu ermita, que cada vez que con su madre iba a la Plaza de la Corredera tenía que pararlo y encabezonado entrarlo en tu Ermita tan solo para verte, pues no sabia rezar, pasando las horas embobado mirándote a la cara, que ese niño esta noche sería tu pregonero.

 

Quisiera Madre mía, en esta noche pedirte tan solo una cosa, Virgen mía que una de estas velas que alumbran tu belleza, que tan solo una de ellas, y tan solo por esta noche pudiera yo ver en ella aquella buen mujer curtida por el tiempo, de piel arrugada por el sufrimiento y la fatiga, de cabello encenizado y manos encallecidas de trabajar por sacar a los suyos adelante, esa bendita mujer que me enseño a rezarte, que me hizo verte y quererte como madre, que inculcó en mi esa frase que nunca olvidare “Madre mía tus manos antes que  las mías” esa gran mujer que de sus entrañas nació el lucero mas hermoso el cual alumbró al que hoy te alaba y pregona.

 

Déjame Señora mía ver a tu lado en esta noche a mi abuela y que una vez más me enseñe a rezarte y quererte como madre.

 

 

M

adre Mía:

 

Hoy he de pregonarte y a mi mente me llegan todos los momentos vividos junto a ti, momentos que quisiera recordar contigo para que así, me den las fuerzas necesarias para poder proclamar tus días grandes y celebrar un año mas tu mes de septiembre.

 

Te miro a los ojos que me infunden esa confianza necesaria para poder hablarte como a una Madre, que es como verdaderamente te siento.

 

Al mirarte recuerdo la primera vez que estuvimos cara a cara, fuiste para mí como esa luz que iluminó mi camino, que me hizo salir de aquel oscuro pozo que me apartó de todo y de todos, vi como me extendías tu bendita mano para que la agarrara, me cubriste con tu manto y desde aquel instante no me he separado de ti. Me incorporé y forme parte de tu hermandad, poco a poco fui introduciéndome en ella, pero siempre trabajando por y para ti.

 

Han sido tantos los momentos vividos junto a ti, que mi devoción y gran amor se fortalecían por segundos. Aún me tiemblan las piernas cuando recuerdo la primera vez que mis manos te tocaron, aquel día que por vez primera ayude a Pedro a bajarte de tu camarín, una sensación rara, algo que no podría explicar, solo sabía que te estaba llevando, en ese instante quise que se parara el reloj del tiempo, tenerte en mis manos marcó mi vida para siempre.

 

Pero este no seria el único, aún quedaban más.

 

Después de un largo día, de una aún más larga noche, mientras esperabas en la Catedral que llegara la hora para tu Coronación, cansados de trabajar para engalanar la Plaza de la Corredera, Tú Plaza grande, fui hasta la Santa Iglesia Catedral, aún no había amanecido, cuando llegué y te vi no pude controlar mi emoción y bien por el cansancio o la emoción de haberte visto,                     no importa el motivo rompí a llorar como un niño, y abrazándome a aquel que estuvo toda la noche junto a ti lloré al verte de nuevo hermosa y triunfante, si lo reconozco, lloré porque te vi tan bella, tan hermosa, que palabras no tenía para decirte y lo único que pude fue llorar. 

 

Pero ahí no quedaba la cosa, me atrevo a decir que ese día fui el más privilegiado de todos, porque no me había recuperado aún de aquel momento, cuando me estaba subiendo a tu paso y acariciando tu mano diestra tuve el honor de colocarte el cetro de Reina, y tuve la gran suerte de poder besarte y en ese momento de intimidad darte las gracias por todo lo que estabas haciendo por mí.

 

En la Plaza de la Corredera todo estaba ya listo y esperando impacientemente a que llegaras, ya era la hora prevista, daba comienzo la procesión que te llevaría hasta tu plaza junto a tu gente, era como vivir un sueño que poco a poco se hacía realidad. Las calles repletas de gente disfrutando de tu belleza, la tarde estaba radiante, el sol brillaba mas que nunca, y hasta los pájaros no querían perderse el momento con el que todos estábamos  soñando.

 

Y por fin llegaste a tu Plaza, Córdoba entera te esperaba, y como se suele decir no cabría ni un alfiler y hasta allí caminabas tu, abriéndote paso entre la multitud de gente como si de un nuevo Mar Rojo se tratase lo cruzabas hasta llegar a tu altar.

 

El cielo se llenó de luz y color cuando por fin pudimos ver en tu cabeza colocada tan gloriosa corona. El sueño de todos por fin se vio cumplido, todo ya se había hecho realidad.

 

Pero tu tenías algo guardado para mí, algo que volvería a marcar mi vida para siempre, antes de terminar la misa de nuevo volví a subir a tu paso, esta vez ya estabas Coronada, para fijar la corona a tu cabeza y de nuevo pude besarte, mirarte cara a cara y casi sin poder pronunciar palabra decirte que te quiero. Todo el trabajo quedaba recompensado con tan gran instante.

 

Pasó el tiempo y el cambio en el mundo era inminente, un nuevo cambio surgiría en mi vida pero como siempre entorno a ti.

 

Con ilusión asumí el reto de estar al frente de tu Hermandad, comenzaba mi etapa como Hermano Mayor, otra vez un sueño que en mí se hacía realidad.

 

Que verdad es Señora, lo difícil que es ser Hermano Mayor, la dificultad a la hora de tomar las decisiones que no afecten a nadie y que siempre sean por el bienestar de la Hermandad, nunca se hace el gusto de todos siempre está aquel que no esta de acuerdo, pero tú estas presente en todo momento, en lo bueno y en lo malo, en lo dulce y en lo amargo, siempre a mi lado, siempre junto a mí como lo hace una buena madre. Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, saber dar una de cal y otra de arena, pero si es verdad que el sabor amargo de tus decisiones es y será siempre para el Hermano Mayor.

 

Yo viví el más amargo, nunca olvidaré aquel mes de noviembre del 2007, cuando después de comprobar el estado de tu Ermita y de ver el gran peligro que presentaba, el miedo a que pudiera derrumbarse, me hizo tomar la más dura y triste decisión de cerrar tu Ermita al culto.

 

Sin tiempo que perder teníamos que prepararlo todo para tu traslado a San Pedro, no había tiempo para nada, la tristeza y la incertidumbre llenó nuestros corazones. Tenías que salir de tu Ermita y no sabíamos cuando volverías de nuevo a ella.

 

¡Qué distinto era todo, nada era igual! Cada vez que te preparábamos, que te adornábamos en tu paso o parihuela lo hacíamos con la ilusión de verte en la calle, de disfrutar de tu presencia por tu barrio, pero esta vez no era así, no había alegría ni ilusión pues era un adiós, una amarga despedida sin saber cuando sería tu regreso.

 

Vacíos quedaron nuestros corazones cuando las puertas de tu Ermita se cerraron y mirando al cielo quedaba la pregunta de cuando sería tu regreso, la noche quedó fría y callada y el campanillo quedó enmudecido, pues era tan grande el peligro que ni siquiera pudo decirte adiós.

 

Comenzaba el tiempo de trabajar, de luchar para volver a verte pronto en tu Camarín, de unir todas las fuerzas de tener la esperanza y la ilusión de que pronto llegaría ese bendito día.

 

Fueron tres largos años de espera, de lucha sin fin, tres años de trabajo para conseguir que volvieras a tu Ermita y lo que un día parecía lejano, casi imposible, se hizo realidad, por fin regresabas a tu Ermita.

 

En mi memoria quedaran las imágenes de los momentos vividos durante la rehabilitación, cuando destejaron todo el tejado ver como verdaderamente estaban las vigas, comprobar de cerca junto a los técnicos y albañiles la gravedad de los arcos, el miedo al solo pensar que hubiera pasado si no nos hubiéramos dado cuenta antes.

 

Pero todo eso quedo para el recuerdo, ya solo cabría pensar que la Ermita había que prepararla para tu eminente llegada la cuenta atrás comenzaba y el tiempo volaba para no retrasar mas tu llegada.

 

Y llego el gran día, el barrio se engalanaba luciendo más hermoso que nunca, los nervios afloraban en cada uno de los vecinos por  que cada vez estaba mas cerca la hora de tu llegada a la Ermita.

 

A la hora del Ángelus del medio día, y sin que nadie lo esperase, rompió su silencio el campanillo anunciando a todos tu tan cercana y deseada vuelta.

 

Cerraba los ojos  y una sensación  de olor a nardo hacía sentir que tu presencia entre nosotros era cada vez más cercana y real, todo el barrio se preparaba para tan gran evento entre tu gente se escuchaba: “¡Que por fin llega a su casa, parecía mentira, pero al final la podremos volver a ver en su camarín!”.

 

Y se abrieron las puertas de San Pedro, pero estaba al cerrarse no se volverían abrirse para esperarte, se abrieron para ver como con una belleza singular te marchabas de ella y sus campanas te despedían, pero a su vez, y desde la distancia, tu campanillo te reclama ya en tu Ermita.

 

Todo fue distinto a lo programado, pues tu lo quisiste así, nada salió como queríamos, fue tu decisión la que imperó y rodeada de tu gente y sin salir de tu barrio, es más por donde te marchaste, regresaste, y andando casi sin avanzar fuiste acercándote a donde nunca te deberías haber marchado.

 

Solo en la plaza se escucha el repiqueteo incesante del campanillo, que loco de la alegría no podía callar y un silencio entre la gente esperaba ardientemente, que el momento más deseado llegara. Y lentamente, y de frente, avanzabas hacía el interior, y una vez cruzado el umbral de la puerta de tu Ermita nadie se pudo aguantar, y aquel silencio estalló en palmas y vítores por que por fin ya estabas en su interior.

 

Y tú, mejor que nadie sabes que al terminar el día y una vez ya en tu camarín,  mirándote a los ojos el esfuerzo, trabajo, y lucha de este quien te habla se vio cumplido y el reto de volverte a verte en tu ermita se hizo realidad.

 

Ha llegado la hora Madre Mía de hablar de tus cultos y fiestas, ha comenzado el mes de Septiembre, tu bendito mes y el olor a nardo nos recuerda que es la hora de acudir a tu Ermita y celebrar así tu mes socorrero por excelencia.

 

Fiestas y cultos que comienzan con el pregón, a través de él tenemos la oportunidad, mediante la palabra de transmitir a todos los sentimientos más profundos de nuestro amor socorrero.

 

Tu historia, devoción, tradiciones entrelazadas con versos dedicados a ti han echo siempre de este día el comienzo de tus fiestas.

 

Días después, y con una eucaristía de acción de gracias, recordamos todos aquel siete de septiembre en tu Plaza de la Corredera, donde Córdoba te Coronaba con Reina y Señora.

 

Cuando Córdoba celebra la fiesta de su Patrona la Santísima Virgen de la Fuensanta, tu nos esperas en tu Ermita a pie de altar en solemne besamanos, donde tenemos la oportunidad de acercarnos a ti de tocarte, de sentirte entre nosotros.

 

Mirándote fijamente en este día puedo contemplar esa majestuosa figura que nos muestras de Madre, si, es lo que siento al  verte y admirando tan bella estampa quisiera Madre mía, y desde aquí buscar una explicación que me aclare como contemplando tan bendita hermosura, puede existir en el sentimiento del hombre la idea cruel de acabar con la vida del que no ha visto ni verá la  luz del sol

 

Al mirarte recuerdo que tu también tuviste difícil ser madre según la ley que existía pero luchaste por tenerlo y no lo muestras ahora en tu regazo.

 

Vela Madre mía por la vida de los que por decisión de otros se ve en peligro, háblale al corazón, muéstrate a ellos como madre, tu que fuiste sagrario para Dios y altar para su Hijo, tu que nos muestras constantemente a la vida en tus brazos, convence a esos corazones fríos de que solo Dios nos da la vida y él solo puede quitárnosla, por que nada hay mas bello que ver nacer una nueva vida, que ser madre no es una obligación si no un privilegio que Dios sólo a escogido para la mujer, y hazle ver que tan culpable es el que mata ha sangre fría, como el autoriza,  realiza o consiente un aborto.

 

“Tuve hambre y me disteis de comer”, “siempre que lo hagáis con un hermano lo estaréis haciendo conmigo”, con estas palabras el Señor nos alienta a que ayudemos al necesitado, y ante la bella advocación de nuestra bendita titular que socorre a aquel que necesita de nosotros.

 

En nuestros estatutos pone bien claro que la Junta de Gobierno fijará un día para la ofrenda de alimentos a Nuestra Señora del Socorro, que posteriormente serán repartidos entre los más necesitados y centros benéficos a fines a la Hermandad.

 

Comienza un nuevo sábado, la actividad de la plaza se inicia como cada día, pero el leve silencio de la mañana se ve interrumpido por el estallido de un cohete y el incansable repicar del campanillo, se abren las puertas de tu ermita y ante el asombro del que la ve por vez primera sorprendido y admirado contempla el majestuoso altar adornado esta vez contrario a la realidad.

 

Maravillosa estampa donde es el contraste del colorido de las flores se confunde por el  de los paquetes de arroz, garbanzos o habichuelas y el embriagador brillo de los candelabros, por el de las manzanas, peras y plátanos.

 

Con el transcurrir de la mañana se van llenando los huecos, que ya casi el retablo no se ve a tus pies cestas de pan y el olor del incienso trasformado en el del envolvente olor de las magdalenas recién echas en la confitería de  San Pedro.

 

Por un día tu Ermita se trasforma en un puesto del mercado, donde se recoge para dar al necesitado y en medio estas tu presidiendo el mejor de tus altares, donde sonríes constantemente y donde nos esperas para cubrirnos con tu manto, y escuchando “que la Virgen del Socorro te proteja con su manto todos los días de tu vida” saldremos fortalecidos y llenos de tu socorro.

 

Que día más grande nos regalas Madre Mía, con la oportunidad de poder ayudar  al necesitado y con la misa de acción de gracias se ve cumplido un nuevo día.

 

Pero si grande es el sábado más aún es el domingo, día en el que se hace el reparto, nadie hablado nunca de ese día, nadie ha contado lo que se ve y se vive  en él.

 

Si bonito es recoger más aún es repartir, aún con las caras de sueño después de un día agotador de ofrendas, y el cansancio por dejarlo todo preparado para el día siguiente, a las primeras horas del domingo unos pocos nos reunimos nuevamente en tu Ermita, con la tristeza y la ilusión de que algún año se anime más gente para ayudar, esta ves hemos cambiado el traje de chaqueta y corbata por la ropa más cómoda, empezamos a cargar las furgonetas y marcar el recorrido a seguir para ordenar así el interior del las mismas y después de rezarte, con una inmensa alegría salimos a cumplir con la confortante misión de repartir los alimentos recogidos el día anterior.

 

No cambiaría por nada del mundo la suerte que he tenido todos estos años de poder haber participado en este maravilloso día, ver la cara de felicidad cuando nos acercamos a los centros para hacer la entrega, llamar a la puerta  “¿quién es?”, “la Hermandad del Socorro, que venimos a entregaros alimentos del día de las ofrendas”, y ver por unos días cubierta la necesidades de muchas personas.

 

Nosotros damos lo recogido y recibimos la satisfacción y la alegría de poder haber ayudado, poco a poco las furgonetas se van vaciando, a la vez que se llenan de emoción y anécdotas que como siempre serán inolvidables.

 

Y al final de la mañana volvemos al punto de partida, otra vez ante tu mirada,  para desde el corazón contarte lo que tu desde el cielo has contemplado y así termina el día de las ofrendas.

 

Siguiendo con los estatutos es ahora el momento de buscar al Señor a través de María participando de la eucaristía, preparándonos con un triduo para el día de la fiesta de regla  en él, y a través la palabra nos haremos cada día mas discípulos del Señor, y volveremos a reconocerlo entre nosotros otra vez al partir el pan. Y el domingo, día del Señor haremos pública profesión de nuestra fe  y juraremos nuestros estatutos.

 

Septiembre ya esta terminado ha llegado el último domingo, el día más grande de todos los cultos, pues es el día que sales de tu Ermita para entremezclaste con la gente de tu barrio, hermosa y soberana enmarcada en tu templete barroco. El barrio de San Pedro se engalana para disfrutar de la presencia de su Reina por sus calles y plazas.

 

Cuando el reloj marca las siete de la tarde se abren las puertas de tu Ermita y entre el repicar del campanillo, el olor a nardo y el estallido de la pólvora podemos contemplarte entre nosotros, La Almagra, Don Rodrigo, plaza de San Pedro, calle el Pollo, Cedaceros y Plaza de la Corredera se visten de gala para recibirte.

 

Cuando la noche va llegando, la iglesia de San Pedro se va llenando de luz propia, pues una vez más su reina está a las puertas. Los Mártires salen a recibirte, las campanas repican alegres a gloria y en el eco de su interior, las Lágrimas llegan a su Desamparo en una oración que suena a Misericordia. Y San Pedro en gesto humilde te hace entrega de las llaves del templo fernandino.

 

Socorro y San Pedro, 315 años de historia que unen a esta hermandad con este templo. Y un año más podremos contemplar la majestuosa estampa de la Virgen del Socorro a las puertas de San Pedro, y tras el canto de la Salve seguirás tu camino, porque ahora la Reina ha de encontrarse con su gente en su plaza de la Corredera.

 

De nuevo estas en tu Ermita, poco a poco todo va terminando y ya solo va quedando el recuerdo, cerrar los ojos y disfrutar recordando segundo a segundo lo vivido por junto a ti.

 

De nuevo estas en tu Ermita y solo nos queda la oración en la calle, atrás has dejado el paso por las calles de tu barrio y en ellas el penetrante olor a incienso, mezclado con el nardo que nos recuerda que has estado allí.

 

De nuevo estas en tu Ermita y en nuestros corazones nos dejas el bello instante vivido al llegar a la esquina de San Pedro con Agustín Moreno, como si fuera un nuevo Domingo de Ramos con nuestra querida Hermandad de las Penas de Santiago en esa fusión de hermanamiento.

 

De nuevo estas en tu Ermita  triunfante y señora con tu belleza sin par,  hermosura que nos dejaste marcada con tu perfil de madre haciéndonos el juramento de nunca abandonarnos.

 

De nuevo estas en tu Ermita no quiero ni pensar que he de esperar un año para poder verte de nuevo paseando como Reina por tu barrio, donde miles de plegarias suben al cielo llenas de luz y color,  como los cohetes que explotan de júbilo en la Plaza de la Corredera.

 

De nuevo estas en tu Ermita has querido una vez más ser de tu barrio, has llenado de gloria sus calles y plazas has atendido a las oraciones y suplicas de tu gente, has venido de nuevo a tu barrio, y tu barrio te ha aclamado como Reina y Señora.

 

 De nuevo estas en tu Ermita por que todo termina, también tu gloriosa procesión ha llegado a su final, solo nos queda poder verte de nuevo en tu camarín, trocito de cielo que has preparado en la tierra, y ahora somos nosotros los que iremos ha verte y tu, como buena madre, nos esperaras con los brazos abiertos.

 

Todo queda en el recuerdo, tu pregón, aniversario, besamanos, ofrendas, triduo y procesión, miles de oraciones que marcaran nuevamente nuestras vidas y todo será igual por que tu seguirás derramando tus gracias desde el bendito camarín de tu Ermita.

 

Pero llega el momento que nadie quiere, que solo de pensarlo me dan escalofríos, no quiero ni imaginar que vuelves a tu Ermita y que habrá que esperar un año para volver a verte triunfante de nuevo en tu barroco templete.

 

No quiero ni imaginar, que volverán a cerrarse las puertas de tu Ermita, y en ellas quedaran miles de promesas cumplidas, y con los ojos llorosos, del que te mira, y en un profundo suspiro verá su sueño realizado.

 

Llega la hora y desciende nuevamente tu paso entre la gente, otra vez estas a ras del suelo, para salvar la pequeña pero a su vez gran puerta de tu Ermita, vuelvo a mirar al frente y consigo verte los ojos, me tiemblan nuevamente las piernas, y casi sin salirme la voz del cuerpo y entre el murmullo de la gente, miro al cielo y grito: “¡Viva la Virgen del Socorro!, ¡Viva la Reina de la plaza!, ¡Qué viva la Madre de Dios!”.

 

Lentamente vas entrando, todo esta llegando a su final, una vez más el esfuerzo y el trabajo de tus cofrades se ve premiado con tu gloriosa procesión.

 

Y entre la ilusión y el cansancio, cierro los ojos para, en silencio rezarte:

 

“Dios te salve María

Madre de Dios y Madre nuestra

Socorro para aquel que tu nombre aclama.

Dios te salve Virgen pura,

De entre las mujeres la más bella,

Del jardín del cielo la mejor rosa,

Virginal princesa,

A tus plantas venimos

Los que por el pecado nos sentimos atormentados

Y tu Socorro pedimos,

Para alcanzar a Dios propicio,

Para que su Misericordia nos ampare.

A ti Madre de Dios te suplicamos

Nos muestres a ese bendito fruto de tu vientre,

Al Dios que hecho Hombre,

Como niño nos muestras en tu glorioso regazo.

Pastora de nuestras almas,

Cúbrenos con tu manto

Y a la hora de nuestra muerte,

Llévanos tú

A la presencia del Padre.

Dios te salve María

Madre de Dios y Madre nuestra,

Reina del cielo y de la Corredera,

Protectora de ésta Córdoba

Que tu Socorro siempre espera.

Por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

Q

uerida Madre, que razón tiene el dicho: “Todo lo que empieza, tiene que terminar”, yo no voy a hacer una excepción y ha llegado la hora de poner punto y final a este pregón. No sin antes darte mil gracias por haberme dejado cantar tus maravillas, por concederme esta noche el haber sido tu trovador.

 

 Mil gracias por haber estado junto a mí en estos ocho años que he sido tu Hermano Mayor, por haberte sentido día a día cerca de mí.

 

Mil gracias por haberme dejado sentir, por esta noche y junto a mí, la presencia de aquella que me enseñó a rezarte y a quererte.

 

Y aunque no acabaría nunca de hablar de ti, recordando que cuando entras en tu ermita y sus puertas se cierran todo termina, este hijo tuyo y humilde pregonero, mirándote a los ojos, este pregón termina.

 

He dicho.

 

  

 

Este pregón se terminó de escribir el 16 de julio del 2011 festividad de Nuestra Señora del Carmen